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Si leés “deudas” y “buenas”en una misma oración, seguro pensás que te están chamuyando, pero te podríamos sorprender. Las deudas malas existen, ¡y las buenas también! 

Antes que nada, definamos qué es una deuda: es una “obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, por lo común dinero.” En criollo, pediste plata prestada (a una persona o a un banco, por ejemplo) y la tenés que devolver. Naturalmente, pensamos que las deudas son un monstruo enorme y malo, pero también puede ser un monstruito inofensivo, que te ayude con tus finanzas personales. 

El angelito: las deudas buenas

Cuando hablamos de este tipo de deuda nos referimos a las que tomamos para hacer crecer nuestro patrimonio, es decir, ver más plata en el banco u obtener una propiedad. Por ejemplo:

  • Cuando pedís un crédito y lo usás para comprarte un inmueble, ya sea para habitarlo, alquilar o para el crecimiento de tu propio negocio. 
  • Pedir un préstamo para invertir, ya que el objetivo es que aumente tu rentabilidad. 
  • Usar las cuotas a tu favor: si estás pensando en comprarte algo que va a aportar valor a tu día a día y tiene un ciclo de vida largo (por ejemplo un gran electrodoméstico), podés considerarlo una deuda buena. Y ya que vas a endeudarte, sacale el jugo a las promos y descuentos. 

El diablito: las deudas malas

Estas son las peores y lamentablemente las más conocidas: son las que tomamos para comprar algo que vamos a usar poco o es perecedero. Por ejemplo:

  • Le regalaste un juguete último modelo a tu sobri y lo usó tres días. Mientras tanto, vos lo seguís pagando en seis cuotas.   
  • Esa pilcha increíble y carísima que te compraste para un casamiento y ahora te juzga todos los días desde el placard. En estos casos, es una opción piola pedir ropa prestada o comprar algo que puedas volver a usar. 
  • Estabas bajón a las 3 de la mañana y decidiste comprarte algo costoso que no necesitabas bajo el lema “porque me lo merezco”. No necesitamos ni contarte por qué es una deuda mala, ¿no? 

¡Ojo con el interés!

Si vas a endeudarte, es clave que las tasas de interés funcionen a tu favor. En el caso de los objetos, como un lavarropas, verificá que las cuotas sean sin interés o con uno muy bajo. Por otro lado, si vas a pedir un préstamo para meter esa plata en alguna inversión, la tasa de interés que pagues tiene que ser menor a la que recibís por la inversión, así generás ganancias. Es una movida un poco arriesgada, pero posible.

¡Alerta! Las peores deudas que podés tener son las que tienen intereses muy altos. Si el interés es igual al valor del producto, ¡sacá la mano de ahí!

En conclusión: las deudas buenas no son un mito. ¿Viste? ¡Todos los días se aprende algo nuevo! Eso sí, si vas a tomar un préstamo, que sea a conciencia y sabiendo que vas a poder pagarlo en tiempo y forma.