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Si te hablan de trastornos psicológicos es probable que pienses en situaciones extremas, y quizás no te identifiques con nada de lo que se te venga a la cabeza. Pero hay uno en particular que quizás no escuchaste nombrar: el síndrome del impostor.

Si te cuesta reconocer tus logros y los achacás a la buena suerte, si no podés valorar el esfuerzo que hacés o pensás que esas cosas buenas que te pasan a nivel profesional y/o académico no las merecés, podrías tener lo que se conoce como el síndrome del impostor. Y sí, es un trastorno psicológico, pero no es tan raro como creemos. De hecho, 7 de cada 10 personas lo tuvieron alguna vez.

Este es el momento en el que mirás para todos lados pensando que te equivocaste de blog. No, ¡tranqui! No nos pintó cambiar de rubro, ni nada por el estilo. Si bien no somos profesionales de la salud mental ni podemos diagnosticarte con un test, quisimos hablarte de este tema para que prestes atención y pares las antenas. Está bueno frenar la pelota de vez en cuando y analizar cómo andamos en el ámbito laboral, y si por alguna razón estamos dejando pasar las oportunidades de progreso. 

Seguí leyendo, hacé el test, ¡y enterate!

¿Qué es el síndrome del impostor?

De forma muy simplificada, es la creencia o sensación de no ser tan capaces como otras personas creen que somos, y de no estar a la altura de ese lugar que ocupamos. Justamente, la sensación es de ser un fraude. Un impostor.

El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico que hace que nunca nos sintamos a la altura de las circunstancias o que seamos incapaces de aceptar lo que ganamos gracias a nuestro esfuerzo, ya sea una buena nota en el TP o un ascenso en el trabajo. Puede ser algo temporal, a partir de algún cambio que hayamos experimentado a nivel personal o profesional, o puede prolongarse en el tiempo y empeorar. Por eso es importante identificarlo -por ejemplo, a través del test- y trabajarlo, para que no se convierta en un obstáculo.

El problema es que son pocas las veces en que realmente nos damos cuenta que nos sentimos como personas impostoras. Es solo cuando alguien nos explica de qué se trata, que podemos poner en palabras eso que nos pasa.

En qué puede afectarte 

Imaginate lo difícil que puede ser progresar si no confiás en vos. Es clave valorar tu esfuerzo y dedicación para no desperdiciar los frutos de tus logros. Si no sentís que merecés lo que obtuviste, es probable que derroches tu dinero, no organices tus finanzas a futuro, y dejes de capacitarte o pierdas interés en seguir creciendo profesionalmente. 

“Mi sueldo es muy bajo para animarme a invertir”. “Mirá si con lo que yo gano me voy a poner a hacer un presupuesto o un fondo de emergencia”. “Me sobraron $2500 el mes pasado, con lo poco que es eso no vale la pena invertirlos, así que me los patiné al toque”. ¡Opa, opa! ¿A alguien le suenan familiares esas frases? Estos pensamientos atentan contra tu economía. Es un claro autoboicot a tus planes de crecimiento, a tu bolsillo, y a tus intenciones de preparar tu colchoncito para el futuro.

Síndrome del impostor: causas y motivos

Generalmente, el denominador común en las personas que padecen el síndrome del impostor es la inseguridad. Y esta puede aparecer por varias razones:

  • Dinámicas familiares durante la infancia: comparaciones entre hermanos, exigencia por sacar buenas notas, y presión por estar a la altura.

  • Estereotipos: tanto las mujeres como los hombres padecen este trastorno debido a las presiones sociales producto de los estereotipos de género, a la necesidad de encajar en determinado rol o función, o de hacer compatibles distintas actividades.

  • Autoexigencia exagerada: a veces, somos nuestro peor enemigo, y las expectativas excesivamente altas nos juegan en contra. 

  • Percepción distorsionada del éxito, el fracaso y la competencia: no, no fracasaste por cambiar de carrera, ni tu compa que se recibió antes que vos va a ser mejor o peor profesional. 

Si no sentís que merecés lo que obtuviste, es probable que derroches tu dinero, no organices tus finanzas a futuro, y dejes de capacitarte o pierdas interés en seguir creciendo profesionalmente.

5 perfiles comunes del síndrome del impostor

La doctora Valerie Young, experta en el tema, categorizó y agrupó ciertos rasgos para definir los cinco perfiles de este síndrome.  ¿Te suena alguno? 

  • Perfeccionista: se pone metas súper altas y en general siente que lo podría haber hecho mejor, aunque tenga éxito. 

  • Superhumano: cubre inseguridades trabajando cada vez más, lo que puede afectar la salud y su relación con otras personas. 

  • Genio natural: supone y pretende que todo debe salirle bien al primer intento, y se frustra cuando no es así.

  • Individualista: prefiere hacerlo todo sin ayuda por miedo a que se evidencie su supuesta incapacidad.

  • Experto: considera que actuó sin honestidad y teme que lo descubran.

El síndrome del impostor se hace evidente en el ámbito de las finanzas cuando la persona tiene creencias limitantes con respecto a su dinero, ya sea para administrarlo, preservarlo, o multiplicarlo.

Hagamos el test


Esta prueba consta de 8 preguntas bastante simples. En cada una seleccioná la opción con la que mejor te identifiques, y tomá nota si elegiste la respuesta A, B, C o D. Al final hacé un recuento para identificar la letra que más se repite. 

Después del test vas a encontrar la interpretación de los resultados.

Resultados

Mayoría de respuestas A

Es momento de confiar más en tus capacidades. 

De acuerdo a tus respuestas, podrías tener rasgos del síndrome del impostor. Te cuesta aceptar tus logros y pretendés que todo sea perfecto desde el inicio. Los errores significan una gran frustración, y solés sentir que llegaste hasta donde estás por un golpe de suerte. 

Cuando salís de tu zona de confort ante una evaluación o situación desconocida, sentís estrés emocional, lo que podría bloquearte y hacerte perder nuevas oportunidades. 

Tenés que creértela y confiar en que sos capaz de estar a la altura de las circunstancias.

Valorá lo que lograste hasta acá, incluso los errores, porque son un método infalible de aprendizaje. Y por favor, no te compares con nadie; es injusto porque cada recorrido es único y los puntos de partida podrían ser diferentes. 

Si tenés deudas, el síndrome del impostor puede hacerte pensar en que no tenés las suficientes chances o herramientas para salir de ellas. 

Mayoría de respuestas B o C

Si no te valorás vos, ¿entonces quién?

El síndrome del impostor te está haciendo cosquillas. A veces sentís que te falta lo necesario para lograr lo que te proponés, y eso podría atentar contra los proyectos que anhelás.

¡Qué bueno que hiciste el test! Estás en un momento ideal para recibir esto como una alerta -como un pequeño llamado de atención- para empezar a cuidar tu autoestima antes de dejar pasar oportunidades valiosas por sentir miedo a arriesgarte. 

Mayoría de respuestas D

Vas por buen camino

Al menos de acuerdo a tus respuestas, le estás escapando al síndrome del impostor. No tendría sentido que te mientas en el test. Tenés una ventaja buenísima que te permite valorar tu esfuerzo y desempeñarte con libertad en diferentes situaciones y escenarios. Conocés el miedo a fallar, pero te arriesgás igual para no perder oportunidades.

Sacarse la careta: ¿cómo superar el síndrome del impostor?

Por muy común que sea, no está nada bueno experimentar este fenómeno psicológico. El primer paso es reconocerlo. Tomar consciencia de cómo nos sentimos y darle un nombre a eso que nos pasa, es casi la mitad del camino.

Hay pensamientos limitantes que terminan creando realidades. Así que hay que tenerlos identificados y cortitos, para permitirnos cambiar la forma en la que concebimos el dinero, y cómo confiamos en nuestras capacidades para obtenerlo, cuidarlo, y multiplicarlo.

¿Qué es fundamental en esto? ¡La Educación Financiera! Porque te permite reunir las herramientas suficientes para trazar un plan que se adapte a tus objetivos. Arranquemos por ver cómo andan esos hábitos de consumo y qué deberíamos ordenar para animarnos a pensar a largo plazo. Eso puede darnos la seguridad que necesitamos.

Tratá de pensar en positivo, de valorar todo eso bueno que hacés y que conseguís: podés hacer una lista de tus logros y/o conversar con tu entorno sobre lo que te pasa. Seguro te sorprendés de que incluso esas personas exitosas que parecen tener todo resuelto en sus vidas, también se sintieron así alguna vez. 

Y…también tenés que aceptar el fracaso. No siempre las cosas nos salen como queremos, ¡y eso es legal! No somos la perfección, pero eso tampoco quiere decir que seamos fracasos andantes. Y no te compares todo el tiempo: vos sos vos, con tus objetivos y tus metas (en lo posible medibles y razonables).

¿Qué tul? Hoy hasta te autoanalizaste. Esperamos te hayas animado a hacer el test, y te lleves algún aprendizaje copado. Eso sí, nada de salir a colgar un diploma en la pared y ponerte a psicoanalizar pacientes, ¡eh! Dicen que esa carrera implica algunos añitos más de estudio. 

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