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El poder adquisitivo de la moneda fue cayendo a través del tiempo, incluso el del dólar. En el año que nací, en EE. UU, con 1 dólar te podías comprar 4 kg de naranjas, pero hoy solo te alcanza para comprar 1 limón y medio. En 1980, una entrada a Disney valía 5 dólares, en el año 2000 ya valía 20 dólares y hoy vale 109 dólares.

En países inflacionarios como el nuestro, las comparaciones son más imponentes.  Por ejemplo, hace 10 años con 2000 pesos te podías comprar un lavarropas y hoy solo 2 kg de bife de lomo.

En este contexto, el crédito bien usado puede ser un gran método de protección contra la inflación. Endeudarse representa consumir hoy y pagar más adelante. Ahorrar es dejar de consumir en el presente para hacerlo en el futuro. Finalmente es una decisión personal de calidad de vida.

Empezamos así un nuevo capítulo de educación financiera. Tomar deuda no es, ni bueno ni malo, es solo tomar deuda: malo o bueno es cómo se usa ese dinero. Bien utilizado puede apalancar el crecimiento. Por ejemplo, una bicicleta o una moto sirve para mejorar la logística. En estos casos, y solo en estos casos, el consumo puede representar un ahorro.

Observen este dato. Los estados nacionales imprimieron en promedio en 2021 un cuarto del dinero existente desde la creación del dinero. Entonces la depreciación del mismo es más rápida que la posibilidad de generar bienes, y es lo que está sucediendo en el mundo y, más aceleradamente, en nuestro país. 

Ese exceso de liquidez no duerme y se posiciona rápidamente en activos físicos, como las materias primas o productos financieros como las acciones (récord histórico en los mercados), los bonos (baja récord en los rendimientos de estos), o las criptomonedas. Generalmente, estos procesos distorsionan los precios y terminan en alguna crisis.

No estoy diciendo nada que la sociedad argentina ya no sepa. De hecho, programas como el Ahora 12 o Ahora 18 se convirtieron en dinamizadores del consumo, no como necesidad sino como sistema de protección contra la inflación. Casi como un sistema de ahorro forzoso en bienes en lugar o de dinero.

Uno de los fenómenos que nos enseñó esta pandemia es que hay cosas que no son tan necesarias, y otras que se convirtieron en esenciales. 

Necesito contarte a esta altura de la nota que más de 13.000 personas accedieron a un préstamo con Naranja X en el tercer trimestre del 2021. De esa forma, ingresaron por primera vez al sistema financiero. Es un nuevo fenómeno de inclusión financiera, que permite darles la posibilidad a muchos jóvenes de apalancar su crecimiento. Pero de nuevo, esto representa una gran herramienta de progreso si es bien usada y una pesadilla futura si se abusa de la misma.

Para muchos, entre los que me encuentro, se viene la revancha del consumidor, la revancha del ciudadano, de vivir más el presente, incluso por miedo a una nueva pandemia. Lo podríamos comparar con “los años locos” postpandemia del siglo pasado. Esto traería una catarata de negocios nuevos por exceso de consumo y por qué no, con el mismo destino: una nueva crisis global como la de los años 30. 

Como todo ciclo, nunca hubo un boom sin una crisis siguiente, ni una crisis sin un boom subsiguiente. 
   Material realizado para el Newsletter Data & Consumo de Naranja X

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